jueves, 29 de mayo de 2014

¿Es una buena opción castigar a los niños?

Desde hace mucho tiempo, muchos adultos, ante un comportamiento que consideramos inadecuado en nuestros hijos, creemos lo normal tomar represalias y castigarles, para que aprendan a no volver a hacerlo. Pero si nos paramos un momento a pensar, podemos decir que el castigo puede traer consigo consecuencias negativos para el niño, y que no es la verdadera solución del problema. Al castigar olvidamos ponernos en la situación del niño, sin lograr entender por qué actúa de una manera concreta. El niño puede llegar a sentirse incomprendido, humillado y enfadado por un castigo que no ha tenido en cuenta sus emociones y conflictos internos. Ni ellos nos entienden a nosotros, ni nosotros a ellos.




Esto a la larga provocará más problemas tanto en el niño como en la familia y su propio entorno, entrando en un círculo vicioso que se agravará con el tiempo. La baja autoestima, estrés, mala comunicación, falta de confianza y seguridad en uno mismo y en los demás, frustración, agresividad, introversión o culpabilidad son algunas de las consecuencias que sufrirá el niño, más allá del propio castigo.


Cuando un niño pequeño, pongamos de entre 2 y 4 años, tiene una rabieta, llora, grita o incluso pega y muerde, no está siendo realmente consciente de ese comportamiento, por tanto, no está actuando ni para enfadar a mamá ni para hacer daño a otro. Simplemente, ante una situación que no le gustó, no comprende o no supo gestionar, cuando los papás u otro adulto no los entienden, se desbordan apareciendo en ellos emociones negativas por el estrés y la ansiedad que le llevan a comportarse de esa manera, pero sin él quererlo así. Los niños no saben todavía controlar sus emociones, sus impulsos ni su carácter aun de forma correcta. Este es el papel de los padres, estar a su lado en cada circunstancia para hacerles entender que les pasa y como se actúa ante una situación de tristeza, o de miedo o de nerviosismo.




Por tanto, lo más importante para ayudar a construir una personalidad y un carácter sano y equilibrado en nuestros hijos, es enseñarles a gestionar sus emociones, a que las conozcan y las acepten, a que sepan reconocerlas y por tanto así, les estaremos ofreciendo herramientas para que controlen ellos mismos las emociones negativas cuando aparezcan, como lo son la ira, los celos, la tristeza, el miedo, la frustración, la envidia, la inseguridad, la timidez, etc.


Cuando un niño sabe como se siente, o cuando ve que sus padres le entienden, le apoyan y le acompañan, las rabietas apenas estallan (o por menos evitamos que se compliquen demasiado), el niño se siente querido, aceptado y seguro. Su desarrollo y su propio ritmo evolutivo se construye paso a paso de manera más sana y eficaz cuando es así. Un niño feliz, no necesita que le griten, ni que le castiguen, partiendo de la base de que castigar o gritar, no es educar.


"El recurrir al castigo, esconde la verdadera causa del comportamiento del niño. Cuando un niño actúa mal, viene motivado por un problema que persiste en su interior y les lleva a actuar así (aburrimiento, falta de afecto, tristeza, ansiedad, cansancio...) Sabiendo esto el castigo sólo agravará estas causas y provocará consecuencias más negativas."



Cambiando la forma de ver las cosas

Con todo esto no quiero decir que no haya que ponerle algunos límites al niño o que no haya que decirle que a veces hace las cosas mal, pero nunca imponiéndole o dañando su autoestima. Más bien debemos ser un guía que le muestre el camino al que le lleva actuar bien o mal. Sólo tenemos que cambiar nuestra forma de actuar. Y cambiaremos cuando seamos conscientes que muchas veces es mejor que el propio niño, experimente las consecuencias de un mal acto, por él mismo, sin que el adulto intervenga demasiado.


Por ejemplo, la profesora nos ha contado que nuestro hijo se ha portado fatal en clase, que no ha atendido a sus explicaciones y no ha hecho las tareas, automáticamente al escuchar eso, ya estamos pensando en regañar al niño, y en castigarle sin salir de casa o sin televisión (generalizando). 
Pero la situación cambia si primeramente le preguntamos al niño por qué se ha comportado de esa manera en clase. Cuando el niño ve que su madre está PREOCUPADA, y no ENFADADA, se abre mucho más a hablar y a explicarle a la madre como se siente. Seguramente te dirá que estaba cansado, que le dolía la cabeza, que estaba triste o nervioso por algo, y se encontraba agobiado en clase. 


Una vez te lo ha explicado, ahora es cuando le dices:

  "Te entiendo hijo, sé que pasas muchas horas en clase, luego con los deberes, y es normal que a veces te encuentres cansado, pero portándote así en clase no consigues nada bueno, solo consigues que a la profesora le cueste dar clase y a tus compañeros que les cuesta atender. Además entiende que a mí me disgusta mucho que la profesora se me haya quejado por tu comportamiento, yo sé que eres un buen alumno y un buen hijo. Seguro que hay soluciones mejores para que te encuentres mejor la próxima vez y estés en clase mucho más a gusto y atento. Así que cuando te vuelvas a encontrar mal me lo cuentas y vamos a desconectar dando un paseo por el parque o durmiendo una siesta juntos, ¿qué te parece?". 


La mayoría aun creemos que si tras un mal acto de nuestros hijos, no actuamos con una consecuencia negativa, bajo el conductismo o el autoritarismo, estaremos malcriándolos. Pero la verdad es que esta forma de actuar de la madre, más respetuosa con el niño, tiene muchos más efectos positivos que regañarle, castigarle o enfadarse con él. ¿Creéis que la palabra "malcriar" va más de la mano con gritar, pegar, castigar, o bien con comprender, apoyar y acompañar? Malcriar supongo que significa "criar mal", entonces esto debería significar cuidar a nuestros hijos sin entenderles, gritándoles y enfadándonos con ellos constamente, no al revés. Evitando el castigo, no malcrías, ¡educas!.



¿Cómo se siente tu hijo tras un castigo?

Cuando a un niño se le castiga, se le pone contra la pared o encerrado en su habitación para que reflexione, no conseguiremos esto último, el niño se frustrará y se sentirá confuso. Querrá la presencia y la comprensión de sus padres en un momento en el que no entiende que pasa con sus emociones ni con su estado de ánimo, y no la soledad para pensar en las consecuencias él mismo, cuando muchas veces todavía no tiene la madurez suficiente para enfrentar esa situación él solo.

Además, estamos dejando a un lado el verdadero problema, puesto que si no sabemos por que nuestro hijo actúa así (mordiendo, pegando, gritando, evitándonos...), significa que hay algo en su interior, algún conflicto emocional y mental que hay que encontrar y solucionar, de una manera consciente, respetuosa y comprensiva. El castigo esconde el verdadero conflicto del niño, es como si le pusiéramos una tirita, sólo tapamos la herida, pero ésta sigue estando en su interior. Y si la evitamos se irá haciendo más grande y más difícil de sanar.

Pensar por un momento, cuando habéis tenido un mal día en el trabajo, cuando os encontráis cansados y abrumados por la situación en casa o fuera de ella, cuando os sentís solos y bajos de moral... ¿Qué queréis de un amigo o un familiar? ¿Un abrazo, una muestra de cariño y de ánimo? ¿Un "tú puedes? ¿O tal vez una queja, una indiferencia o un grito? ¿O un "siempre estás mal" "siempre tan negativo" Tus respuestas coincidirán con las de tus hijos. Así que déjate llevar por tu intuición de madre, y entiende, abraza y acompaña a tu hijo en todo momento, en los malos y en los buenos. Ponte en su papel más veces, y la situación cambiará por completo.

Esta frase lo resume todo:

"Quiéreme cuando menos lo merezca por que será cuando más lo necesite"









1 comentario:

  1. respetuosamente, difiero en eso de emociones negativas, son más bien disruptivas, no hay emociones malas ni buenas, las emociones son un mundo de descubrimiento del ser...

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